Rhonal Santiago Gonzalez Valencia
La degradación de los suelos se refiere a la
disminución o alteración negativa de una o varias de las ofertas de bienes,
servicios y/o funciones ecosistémicos y ambientales de los suelos, ocasionada
por factores y procesos naturales o antrópicos que, en casos críticos, pueden
originar la pérdida o la destrucción total del componente ambiental (IDEAM,
2004). Es el resultado de la interacción de factores naturales y/o antrópicos
que activan y desencadenan procesos que generan cambios negativos en las propiedades
y funciones del suelo. Entre los factores directos que inciden en la
degradación de los suelos, se encuentran los naturales que incluyen el clima,
el agua, las características edáficas, el relieve y la cobertura, y los de tipo
antrópico que están relacionados con los tipos de uso y de manejo. La
degradación de los suelos puede agruparse en física, química y biológica; en la
degradación física se destaca la erosión, la compactación, el sellamiento, la
desertificación, entre otras; en la degradación química la pérdida de
nutrientes y a su desbalance en el suelo, a los cambios en el pH (salinización
o acidificación) y a la contaminación; y en la degradación biológica, la
disminución de la materia orgánica y el carbono de los suelos, por factores y
procesos naturales como el clima, el relieve o por acción humana como la
deforestación, las quemas, el uso y manejo no sostenibles, entre otros.
Degradación de suelos por erosión La erosión de los suelos se define como la
pérdida físico-mecánica del suelo, con afectación en sus funciones y servicios
ecosistémicos, que produce, entre otras, la reducción de la capacidad
productiva de los mismos (Lal, 2001). La erosión es un proceso natural; sin
embargo, esta se califica como degradación cuando se presentan actividades
antrópicas no sostenibles que aceleran, intensifican y magnifican el proceso.
La degradación de suelo por erosión, se refiere a “la pérdida de la capa
superficial de la corteza terrestre por acción del agua y/o del viento, que es
mediada por el ser humano, y trae consecuencias ambientales, sociales,
económicas y culturales” (IDEAM-UDCA 2015). En general, existen dos tipos de
erosión: la hídrica y la eólica. La erosión hídrica es causada por la acción
del agua (lluvia, ríos y mares), en las zonas de ladera, cuando el suelo está
desnudo (sin cobertura vegetal). En estos casos las gotas de lluvia o el riego,
ayudadas por la fuerza gravitacional, arrastran las partículas formando zanjas
o cárcavas, e incluso causando movimientos en masa en los cuales se desplaza un
gran volumen de suelo. Por otra parte, la erosión eólica es causada por el
viento que levanta y transporta las partículas del suelo, produciendo
acumulaciones (dunas o médanos) y torbellinos de polvo. En este sentido, no
solamente se erosionan los suelos, sino con ellos se pierden los nutrientes, la
materia orgánica, la retención de humedad, la profundidad de los suelos, se
disminuye la productividad, lo cual conllevan a la pobreza, la violencia y el
desarraigo de la tierra. Los sedimentos de la erosión generan impactos adversos
secundarios cuenca abajo por colmatación de embalses, cauces de los cuerpos de
agua como ríos, ciénagas; inestabilidad de puertos y puentes, pérdida de
navegabilidad en los ríos, reducción de la oferta pesquera en aguas dulces y
marinas, entre otros. Además, los sedimentos pueden transportar algunos
contaminantes derivados de los agroquímicos aplicados al suelo, como fósforo,
nitrógeno y residuos de plaguicidas. Por otra parte, la erosión eólica es
causada por el viento que levanta y transporta las partículas del suelo,
produciendo contaminación del aire. La degradación de suelos por erosión
igualmente está asociada a la pérdida de estabilidad de las laderas y taludes,
lo cual agrava o desencadena algunas amenazas como los movimientos en masa y
los flujos torrenciales. El grado de erosión se ha clasificado de acuerdo a la
intensidad del proceso en términos de severidad y a la magnitud o superficie
afectada por el mismo, en cinco categorías: sin evidencia (no hay evidencia de
degradación por erosión), ligera, moderada, severa y muy severa. Mapa de
degradación de suelos por erosión El área degradada por erosión en Colombia es
de 45.377.070 ha (40% de la superficie continental de Colombia), de las cuales
el 20% se encuentran en un grado de erosión ligera, el 17% en grado de erosión
moderada y el 3% en grado de erosión severa y muy severa (IDEAM-MADS, 2014).
Los departamentos que presentan las mayores áreas erosionadas en grado severo y
muy severo son La Guajira, Magdalena, Cesar, Santander y Meta.
Fanory Mestizo.
La Madre Tierra la humanidad y sus consecuencias.
Palabra
utilizada por los pueblos indígenas, traducido de Pachamama, que del quechua y
animara pacha: significa tierra, cosmos y mama: significa madre, dando como
significado la riqueza natural que se obtiene de ella. Es tan importante para
la humanidad, porque nos brinda componentes y recursos para la subsistencia,
que a su vez forman y son sistemas interrelacionados.
Los recursos minerales para el grado tecnológico a la que
se está entrando, “en la que se considera un motor para el desarrollo de una
sociedad”.
Y como también otros componentes importantes de este planeta. Al realizar un mal uso o una sobreexplotación a estos,
estamos dañándolo, y haciendo que no esté disponible para otros seres vivos que
habitan dentro este planeta o como también para futuras generaciones. Los
recursos en su conjunto son la riqueza para la vida diaria de la humanidad, una
escasez o contaminación de estos, es un quiebre en el equilibrio ambiental que
se desenvuelven en series de catástrofes ambientales como terremotos, tsunamis,
erupciones volcánicas, sequias, inundaciones, huracanes, lluvias acidas,
infertilidad de suelos, creación y proliferación de plagas que son vectores de
enfermedades, que son causantes directos para los problemas sociales: como
inseguridad alimentaria, pobreza, enfermedades que violan a los derechos
humanos internacionales de la tercera generación.
Es por esto, por lo que la madre tierra es importante para la
vida y es un deber cuidarla.
No es un
secreto que la sabiduría de los pueblos indígenas reside básicamente en sus mayores
y médicos tradicionales, que dada su edad avanzada se esta corriendo el riesgo
que la tradición de saberes propios se pierda para siempre, poniendo en peligro
la permanencia cultural y pervivencia como pueblos.
Identificación de ejes temáticos ambientales
El cuidado y
protección del territorio
El cuidado y
protección del agua, lagunas y el páramo.
Actividades
agrícolas y agropecuarias
El equilibrio y
armonía entre ser humano y naturaleza.
Las fuerzas de
la naturaleza que inciden en el territorio
El uso y manejo
de los recursos naturales
Recuperación
del bosque
Ofrendas,
pagamentos y ritualidades a la madre Naturaleza
Prevención y
manejo del riesgo.
El suelo es un recurso finito
(no renovable).
Es una mezcla
de minerales provenientes de rocas (45%), materia orgánica proveniente de
restos de animales y plantas en descomposición, así como los organismos que
habitan el suelo (5%), aire (25%) y agua (25%). Durante su proceso natural,
toma 2000 años la formación de 10 cm de suelo. Por un lado, estamos extrayendo
minerales del suelo a una tasa mayor a su reposición. A todos nos preocupa que
vamos a hacer cuando se termine el petróleo, pero muy pocos se preocupan de lo
que vamos a hacer cuando se “termine” el suelo. Por el otro lado, la
degradación de los suelos avanza a un ritmo alarmante. El profesor John
Crawford de Rothamsted Research ha determinado que si sigue el ritmo de
degradación al paso actual, solo tenemos suelos aptos para la producción de cultivos
durante 60 años más.
Enid Mendez
Prácticas
culturales y agronómicas de conservación de suelos
Son aquellas en las cuales se utiliza la
vegetación, manejada convenientemente para controlar la acción de
desprendimiento y transporte de las partículas del suelo.
(Instituto Nacional Tecnológico, 2016).
Por lo anterior según el Instituto Nacional Tecnológico (2016) las practicas agronómicas que se
deben utilizar para la conservación del suelo se clasifican de la siguiente
manera:
1.
Época de siembra
El establecimiento de un
cronograma de trabajo (fecha de preparación de suelo, siembra, cosecha, etc),
es un factor determinante de la cobertura vegetal que frena el efecto erosivo
del agua y el viento.
1.
Labranza mínima
La labranza mínima es la menor cantidad de
rotura del suelo requerida para crear las condiciones de suelo adecuadas para
la germinación de la semilla y el desarrollo de la planta.
Ventajas:
·
Reduce la labor de
remoción del suelo y lo prepara en las fajas/franja de los surcos donde va a
sembrar.
·
Disminuye la susceptibilidad
del suelo a la erosión.
·
Mantiene el nivel de materia orgánica y
protege la macro fauna en el suelo. Desventajas:
·
Distribución de
las semillas no uniforme.
·
Competencia entre las plantas y la maleza por
lo que puede haber baja producción de cosecha.
·
Las plagas pueden atacar más fácilmente porque
las malezas son de plagas.
1 Rotación y asocio de cultivos
La rotación de cultivo es el orden en que
sembramos varios cultivos de diferentes familias y con necesidades nutritivas
diferentes, uno tras otro, en la misma área o terreno.
En el orden de rotación de cultivo, se
debe introducir una leguminosa para incorporar el nitrógeno al suelo y también
debería considerar los siguientes puntos:
Tipo de aprovechamiento de cultivos considerando su sistema radicular,
follaje, rastrojos y la fijación de nitrógeno. Es importante combinar los
cultivos para
Un buen uso del suelo puede ayudar a prevenir sequías, el uso
inadecuado del suelo puede acabar con civilizaciones.
La erosión es el desgaste o
denudación de suelos y rocas que producen distintos procesos en la superficie
de la Tierra.1 La erosión implica
movimiento, transporte del material, en contraste con la alteración y
disgregación de las rocas, fenómeno conocido como meteorización y es uno de
los principales factores del ciclo geográfico. Entre los agentes erosivos están la circulación
de agua o hielo, el viento, o los cambios térmicos.
La erosión produce el relieve de los valles, gargantas, cañones, cavernas y
mesas, y puede ser incrementada por actividades humanas.
Javier Antonio Gaviria
La erosión eólica es el desgaste rocoso o remoción de los suelos a través de la acción de los vientos. Se puede dar por deflación, cuando el viento traslada pequeñas partículas, o por abrasión, cuando las partículas que transporta el aire desgasta las superficies. El viento ha sido un factor primordial en el modelado de la superficie terrestre tal como se conoce actualmente. Se podría decir que el agua es la que reúne los sedimentos y el viento el encargado de distribuirlos.
La erosión eólica es el desgaste rocoso o remoción de los suelos a través de la acción de los vientos. Se puede dar por deflación, cuando el viento traslada pequeñas partículas, o por abrasión, cuando las partículas que transporta el aire desgasta las superficies. El viento ha sido un factor primordial en el modelado de la superficie terrestre tal como se conoce actualmente. Se podría decir que el agua es la que reúne los sedimentos y el viento el encargado de distribuirlos.
Otro factor que ha contribuido al
menor conocimiento de la naturaleza y efectos de la erosión eólica ha sido la
dificultad para poder medir y caracterizar los procesos involucrados 3 en dicho
proceso de degradación. De hecho, no fue hasta finales de los años 1980 y
principios de los 1990 cuando se produjo un importante avance en el desarrollo
de métodos y equipos que permiten cuantificar la erosión eólica, en condiciones
de campo y viento natural. Estas técnicas han progresado hasta tal punto que
hoy en día es posible detectar el momento exacto en el que comienza un episodio
de erosión y cuantificar la cantidad de partículas del suelo arrastradas y
transportadas en suspensión por el viento.
Mecanismos y efectos de la
erosión eólica
Para que la erosión eólica ocurra
deben producirse necesariamente tres condiciones: viento fuerte, superficie del
suelo erosionable, es decir, susceptible a la acción del viento, y suelo
desprotegido, sin cubierta de cultivo, de rastrojo, etc. La susceptibilidad del
suelo a la erosión eólica o erosionabilidad viene determinada por:
·
la textura: suelos de textura gruesa (arenosos) son más erosionables por crear
estructuras edáficas inestables (débiles uniones entre partículas y agregados)
y por secarse más rápidamente tras lluvia o riego
·
el contenido en materia orgánica: factor responsable de la agregación
·
régimen de humedad: influye en la tasa de desecación del suelo y, por tanto, en
la duración de la susceptibilidad a la erosión.
El clima y las condiciones de la
superficie del suelo influyen en la capacidad erosiva del viento o erosividad.
Por encima de los 50 m de altura la velocidad del viento depende de las
condiciones climáticas (temperatura y diferencias de presión atmosférica) pero
cerca de la superficie el viento es frenado por la rugosidad del suelo. La
rugosidad es función de tres factores:
el estado de agregación del
suelo: los grandes agregados protegen a los agregados erosionables (<0,84 mm
de diámetro) de la acción erosiva del viento y atrapan las partículas en
movimiento.
el tipo y dirección de la labor:
la estructura de caballones y surcos producida por el laboreo actúa como los
agregados de suelo no erosionables siempre que la labor haya sido aplicada
perpendicularmente a la dirección del viento dominante y
·
la altura y densidad de la cubierta vegetal ofrecida por el cultivo o por
restos vegetales.
El modo en el que las partículas
de suelo son movidas y transportadas por el viento determina la naturaleza y la
extensión del efecto erosivo. Las partículas de suelo más grandes (>500 µm
de diámetro) ruedan o se deslizan sobre la superficie sin perder el contacto
con el suelo en un proceso que se conoce como reptación (Fig. 1). Partículas
más pequeñas, entre 100 y 500 µm de diámetro, son transportadas por saltación:
saltan y rebotan sobre la superficie alcanzando una altura máxima de 1 m. Estas
partículas al caer se rompen y desintegran otras partículas y agregados de
suelo contra los que chocan, generando partículas de polvo (<100 µm) que son
dispersadas y transportadas por el aire en un proceso que se conoce como
suspensión (Fig. 1). Las partículas en suspensión más pequeñas (<20-50 µm,
aerosoles) pueden viajar durante semanas y recorrer miles de kilómetros,
incluso distancias intercontinentales.
Desde el punto de vista tanto
agronómico como medioambiental, la caracterización del proceso de suspensión
(denominado técnicamente como flujo vertical de aerosoles) es esencial y, sin
embargo, es el proceso menos conocido. Las pequeñas partículas en suspensión,
que han sido preferentemente removidas del suelo por el viento, son
responsables del proceso de degradación a largo plazo ya que,
desproporcionalmente a su tamaño, estas partículas son las más ricas en materia
orgánica y nutrientes. Durante las labores, y especialmente si la superficie
del suelo está muy seca, se pueden producir considerables cantidades de polvo.
Por ejemplo, en suelos relativamente ricos en limos y arcillas del norte de
Europa, las pérdidas de suelo por emisión de polvo debidas a las operaciones de
laboreo pueden exceder las 50 T ha-1 año-1, cifra de similar orden de magnitud
que la cantidad de suelo desplazado por laboreo en laderas con fuertes
pendientes (Govers et al., 2004).
A medida que la fracción más fina
de suelo se pierde por la acción del viento, aumenta de forma gradual el grosor
del material que queda en la superficie. Este cambio en las condiciones de la
superficie del suelo puede tener consecuencias muy negativas como, por ejemplo,
una disminución de la capacidad del suelo para almacenar agua. La erosión eólica no sólo afecta al propio suelo (efectos on-site),
también ocasiona serios problemas fuera del campo erosionado (efectos off-site)
que pueden desembocar en costes económicos importantes.
Tipos
La erosión eólica se puede
dividir en dos tipos: deflación y abrasión. La deflación se da cuento el viento
traslada partículas sueltas. La abrasión se da cuando las superficies se
desgastan al ser “abrasadas” por partículas que trasportan el viento.
La deflación se divide en tres
subtipos:
Saltación
Son saltos pequeños de las
partículas suspendidas sobre la superficie del suelo. A mayor fuerza eólica,
más presión sobre la partícula, generando más altura.
Igualmente, a mayor altura, más
velocidad horizontal, lo cual produce un mayor impacto en la superficie.
También influyen la densidad de las partículas, el relieve y la velocidad del
viento.
Este tipo de movimiento es usual
entre partículas de 0,05 a 0,5 mm, siendo más vulnerables las de 0,1 a 0,015
mm.
La saltación es responsable de la
mayoría de la erosión eólica (50-70%), seguida por la suspensión (30-40%)
y finalmente la fluencia superficial (5-25%).
Suspensión
Sucede cuando las partículas
removidas de los suelos permanecen en el aire, gracias a que su tamaño y
densidad no les permiten bajar de nuevo.
Esto pasa cuando la velocidad del
viento saca de la ecuación a la fuerza de gravedad, haciendo que las partículas
sean transportadas a grandes distancias en forma de nubes de polvo. Las
partículas propensas a este movimiento tienen un diámetro inferior de 0,1 mm.
Rodamiento
Aplica en las partículas más
pesadas que son arrastradas sobre la superficie del suelo, impulsadas por el
viento u otra partícula en movimiento.
Control de la erosión eólica en
campos agrícolas
Cuando nos planteamos estrategias
para la conservación del suelo, el principal objetivo no es retener cada
partícula de suelo dentro del campo, sino limitar su pérdida a unas tasas que
no pongan en peligro la productividad del suelo; es decir, mantener el suelo
como recurso útil y permanente (Troeh y Thompson, 2005). Como hemos señalado
anteriormente, el interés por controlar la erosión eólica tiene también un
carácter económico con ventajas que afectan no sólo al agricultor sino a la
sociedad en general
Las técnicas de control de la
erosión eólica en campos agrícolas pueden agruparse, según su efecto, en
medidas destinadas a reducir la erosividad del viento o la erosionabilidad de
la superficie del suelo. En cuanto al primer grupo de medidas, cualquier
sistema que reduzca la velocidad del viento en la superficie reduce la erosión
eólica. A continuación se señalan algunas de las medidas que el agricultor
puede aplicar con este fin:
·
Labrar perpendicularmente a la dirección del viento dominante. Los caballones
dejados por la labor crean un microrrelieve que, dispuesto en ángulo recto a la
dirección del viento, protege la superficie del suelo en el periodo que
transcurre entre la preparación del suelo y el establecimiento de una adecuada
cobertura de cultivo. Sin embargo, en la práctica, la mayor parte de los
agricultores en Europa labran en la dirección del lado más largo del campo ya
que, de esta forma, se reduce el tiempo de las operaciones, aspecto más
valorado que el control de la erosión (Riksen et al., 2003).
·
Incrementar/mantener la rugosidad de la superficie del suelo. La rugosidad de
un suelo labrado puede ser orientada (caballones y surcos) y/o aleatoria
(terrones). Ambos tipos de rugosidad, como señalábamos anteriormente, además de
reducir la velocidad del viento, actúan como trampas para las partículas
transportadas por el viento, al menos hasta que la lluvia alise la superficie.
Obviamente, el papel protector de la rugosidad orientada depende de la altura y
espaciamiento de los caballones y, por tanto, del apero utilizado (Fryrear,
1984). El interés de mantener durante el mayor tiempo posible la rugosidad del
suelo aconseja evitar o retrasar operaciones de laboreo que rompan terrones y
alisen la superficie del terreno, como ocurre con la utilización de rodillos o
cualquier otro apero desterronador (López et al., 2001). Asimismo, el
mantenimiento de residuos de cultivo en pie es una medida muy eficaz de lucha
contra la erosión eólica. De hecho, se ha comprobado que estos residuos son al
menos seis veces más efectivos en reducir las pérdidas de suelo que la misma
cantidad de residuos tumbados sobre la superficie (Fig. 2) (Bilbro y Fryrear,
1994). Según este resultado, en áreas con riesgo de erosión eólica, prácticas
de manejo que dejan parte de los residuos en pie resultan más aconsejables que
aquellas otras que los tumban o los incorporan al suelo.
·
Utilización de barreras cortavientos. Barreras de vegetales vivos (setos de
árboles y arbustos) y muertos (cañas, pajas) y barreras artificiales (muros
permeables, mallas plásticas) dispuestas perpendicularmente a la dirección del
viento ofrecen protección al suelo hasta una distancia de aproximadamente 10
veces la altura de la barrera, aunque depende en gran medida de su densidad y
permeabilidad (García, 1967). Por ello, las barreras cortavientos son realmente
efectivas en campos pequeños; sin embargo, el agricultor prefiere trabajar con
grandes superficies ya que se facilita la mecanización y realización de ciertas
operaciones agrícolas y, por tanto, se reduce el tiempo improductivo. La
pérdida de tierra productiva y el elevado coste de la plantación de árboles y
de la instalación de barreras artificiales son también factores poco atractivos
7 para el agricultor. Normalmente, la utilización de cortavientos se produce en
países donde hay un apoyo económico y profesional por parte del gobierno, como
ha sido el caso de Dinamarca (Riksen et al., 2003).
·
Incrementar el contenido de materia orgánica del suelo. La estabilidad de los
agregados de suelo es la principal característica determinante de la
erosionabilidad y, junto a la arcilla, la materia orgánica es responsable de
dicha estabilidad. Por tanto, cualquier práctica de manejo que conlleve un
incremento en el contenido de materia orgánica favorecerá el aumento del tamaño
y de la estabilidad de los agregados y, con ello, la resistencia del suelo a la
erosión eólica. Como se ha señalado anteriormente, el mantenimiento de residuos
vegetales en la superficie del suelo es una medida eficaz para incrementar la
rugosidad y ofrecer protección al suelo. Pero, además, la cubierta de residuos
reduce la erosionabilidad a través de procesos menos inmediatos como son la
acumulación de materia orgánica en superficie y la estimulación de la actividad
microbiana. La presencia de una abundante población de microorganismos en el
suelo puede llegar a ser, incluso, más importante en la estabilidad estructural
del suelo que un alto contenido en materia orgánica (Troeh y Thompson, 2005).
Esto se debe a que los microorganismos segregan mucus, mucílagos, gomas,
polisacáridos, etc., productos que juegan un papel clave como agentes
cementantes. Asimismo, los hongos a través de sus hifas contribuyen de forma
muy eficaz a la formación y estabilización de agregados de suelo. La aplicación
de materia orgánica exógena al suelo (estiércol, lodos de depuradora, residuos
urbanos) puede mejorar la estructura del suelo pero no resulta tan eficiente
para el control de la erosión como la utilización de cubiertas vegetales.
Además, hay que tener en cuenta los efectos negativos asociados a su uso, como,
por ejemplo, la contaminación de suelo y agua por metales pesados provenientes
de los lodos de depuradoras.
Karen Liseth Gonzalez
La Erosion Hídrica.
La erosión hídrica sucede
cuando el agua se lleva las rocas o separa y aplana las partículas de un suelo.
Se trata de un proceso de separación de masas compactas (arcillas, moho, limo y
arena) en partículas individuales. Aunque las causas de la erosión hídrica son
generalmente naturales, el hombre participa en ella. La causa que más provoca
este tipo de erosión es la falta de vegetación. Cuando una zona tiene plantas,
de estas salen raíces que protegen el suelo y absorben agua, aumentando la permeabilidad
del suelo. Al contrario, si los suelos tienen falta de vegetación, pueden ser
impermeables y aumentar la erosión.
Por otra parte, el clima es otro
factor que afecta en gran medida a la erosión hídrica. Cuantas más
precipitaciones hay, y cuanto más intensas son, más erosión hay. Esto es más
acentuado si los suelos no tienen vegetación, en zonas de agricultura intensiva
o regiones semiáridas. Otro factor importante es las gotas de agua; las que
tienen más velocidad y son más grandes, tienen más energía cinética, teniendo
por tanto más capacidad para afectar a los suelos que las gotas más pequeñas y
con menos energía.
La erosión hídrica es un proceso
que implica la pérdida de la capacidad productiva de las tierras agrícolas, por
parte de la acción del agua que cae o se mueve sobre un terreno con condiciones
favorables: escasa cubierta vegetal protector y suelo poco resistente.
Este tipo de erosión se produce
en tres etapas principales:
La etapa de desprendimiento,
en la que intervienen las gotas de lluvia. Estas gotas caen con una energía
cinética que se disipa sobre la superficie del suelo y rompe los terrones y
agregados. Como consecuencia se desprenden partículas que pueden tapar los
poros pequeños del suelo, y la superficie resulta sellada, con un aspecto como
el que muestra la Figura 1. A su vez, si hay pendiente, algunas de esas
partículas pueden moverse hacia las partes más bajas del terreno. En esta fase
se produce erosión por la salpicadura que generan las gotas.
La etapa de transporte,
en la cual se moviliza el material desprendido en el agua que escurre sobre la
superficie. El agua puede escurrir en forma de lámina o manto con velocidad
lenta. También lo puede hacer en forma turbulenta con mayor velocidad,
capacidad de transporte y de desprendimiento de partículas con respecto al
escurrimiento laminar. En esta etapa se produce la erosión laminar, la erosión
en surcos y la erosión en cárcavas, que se evidencian en el campo de manera
diferente
La etapa de sedimentación,
en la cual el suelo desprendido y transportado se deposita en sitios debido a
la falta de energía que continúe su movimiento
En lámina o mantiforme: El suelo
es arrastrado en forma de láminas muy delgadas y uniformes. Este tipo de
erosión se presenta en suelos con poco declive y es difícil de apreciar a
simple vista. A medida que el proceso avanza, la disminución de los
rendimientos va acompañada por un cambio de coloración del suelo hacia
tonalidades más claras. El proceso de erosión laminar evoluciona hacia el otro
tipo de erosión o sea:
En surcos o digital: En el cual
el suelo se va cubriendo de canales y zanjitas que generalmente adoptan la
disposición de los dedos de la mano. Es el segundo paso de la erosión, en el
cual el agua se encauza por vías de desagüe y en que ya arrastra partículas de
suelo. Al labrarse el campo se borran estos canalículos por lo cual a veces
pasan desapercibidos.
Zanjiforme: En esta fase del
proceso, los canalículos digitales se transforman en zanjas con hondonadas, a
veces verdaderos arroyos que pueden inutilizar un campo.
Referencias bibliográficas
Instituto Nacional Tecnológico. (2016). Manual
del protagonista. Prácticas de conservación de suelos y agua. Recuperado por https://www.jica.go.jp/project/nicaragua/007/materials/ku57pq0000224spz-att/Manual_de_Conserbacion_de_Suelo_y_Agua.pdf












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