martes, 11 de diciembre de 2018

Manejo y conservación de suelos.




Degradación del suelo.


Rhonal Santiago Gonzalez Valencia

La degradación de los suelos se refiere a la disminución o alteración negativa de una o varias de las ofertas de bienes, servicios y/o funciones ecosistémicos y ambientales de los suelos, ocasionada por factores y procesos naturales o antrópicos que, en casos críticos, pueden originar la pérdida o la destrucción total del componente ambiental (IDEAM, 2004). Es el resultado de la interacción de factores naturales y/o antrópicos que activan y desencadenan procesos que generan cambios negativos en las propiedades y funciones del suelo. Entre los factores directos que inciden en la degradación de los suelos, se encuentran los naturales que incluyen el clima, el agua, las características edáficas, el relieve y la cobertura, y los de tipo antrópico que están relacionados con los tipos de uso y de manejo. La degradación de los suelos puede agruparse en física, química y biológica; en la degradación física se destaca la erosión, la compactación, el sellamiento, la desertificación, entre otras; en la degradación química la pérdida de nutrientes y a su desbalance en el suelo, a los cambios en el pH (salinización o acidificación) y a la contaminación; y en la degradación biológica, la disminución de la materia orgánica y el carbono de los suelos, por factores y procesos naturales como el clima, el relieve o por acción humana como la deforestación, las quemas, el uso y manejo no sostenibles, entre otros. Degradación de suelos por erosión La erosión de los suelos se define como la pérdida físico-mecánica del suelo, con afectación en sus funciones y servicios ecosistémicos, que produce, entre otras, la reducción de la capacidad productiva de los mismos (Lal, 2001). La erosión es un proceso natural; sin embargo, esta se califica como degradación cuando se presentan actividades antrópicas no sostenibles que aceleran, intensifican y magnifican el proceso. La degradación de suelo por erosión, se refiere a “la pérdida de la capa superficial de la corteza terrestre por acción del agua y/o del viento, que es mediada por el ser humano, y trae consecuencias ambientales, sociales, económicas y culturales” (IDEAM-UDCA 2015). En general, existen dos tipos de erosión: la hídrica y la eólica. La erosión hídrica es causada por la acción del agua (lluvia, ríos y mares), en las zonas de ladera, cuando el suelo está desnudo (sin cobertura vegetal). En estos casos las gotas de lluvia o el riego, ayudadas por la fuerza gravitacional, arrastran las partículas formando zanjas o cárcavas, e incluso causando movimientos en masa en los cuales se desplaza un gran volumen de suelo. Por otra parte, la erosión eólica es causada por el viento que levanta y transporta las partículas del suelo, produciendo acumulaciones (dunas o médanos) y torbellinos de polvo. En este sentido, no solamente se erosionan los suelos, sino con ellos se pierden los nutrientes, la materia orgánica, la retención de humedad, la profundidad de los suelos, se disminuye la productividad, lo cual conllevan a la pobreza, la violencia y el desarraigo de la tierra. Los sedimentos de la erosión generan impactos adversos secundarios cuenca abajo por colmatación de embalses, cauces de los cuerpos de agua como ríos, ciénagas; inestabilidad de puertos y puentes, pérdida de navegabilidad en los ríos, reducción de la oferta pesquera en aguas dulces y marinas, entre otros. Además, los sedimentos pueden transportar algunos contaminantes derivados de los agroquímicos aplicados al suelo, como fósforo, nitrógeno y residuos de plaguicidas. Por otra parte, la erosión eólica es causada por el viento que levanta y transporta las partículas del suelo, produciendo contaminación del aire. La degradación de suelos por erosión igualmente está asociada a la pérdida de estabilidad de las laderas y taludes, lo cual agrava o desencadena algunas amenazas como los movimientos en masa y los flujos torrenciales. El grado de erosión se ha clasificado de acuerdo a la intensidad del proceso en términos de severidad y a la magnitud o superficie afectada por el mismo, en cinco categorías: sin evidencia (no hay evidencia de degradación por erosión), ligera, moderada, severa y muy severa. Mapa de degradación de suelos por erosión El área degradada por erosión en Colombia es de 45.377.070 ha (40% de la superficie continental de Colombia), de las cuales el 20% se encuentran en un grado de erosión ligera, el 17% en grado de erosión moderada y el 3% en grado de erosión severa y muy severa (IDEAM-MADS, 2014). Los departamentos que presentan las mayores áreas erosionadas en grado severo y muy severo son La Guajira, Magdalena, Cesar, Santander y Meta.





Fanory Mestizo.

La Madre Tierra la humanidad y sus consecuencias.

Palabra utilizada por los pueblos indígenas, traducido de Pachamama, que del quechua y animara pacha: significa tierra, cosmos y mama: significa madre, dando como significado la riqueza natural que se obtiene de ella. Es tan importante para la humanidad, porque nos brinda componentes y recursos para la subsistencia, que a su vez forman y son sistemas interrelacionados.
Los recursos minerales para el grado tecnológico a la que se está entrando, “en la que se considera un motor para el desarrollo de una sociedad”. 

Y como también otros componentes importantes de este planeta. Al realizar un mal uso o una sobreexplotación a estos, estamos dañándolo, y haciendo que no esté disponible para otros seres vivos que habitan dentro este planeta o como también para futuras generaciones. Los recursos en su conjunto son la riqueza para la vida diaria de la humanidad, una escasez o contaminación de estos, es un quiebre en el equilibrio ambiental que se desenvuelven en series de catástrofes ambientales como terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, sequias, inundaciones, huracanes, lluvias acidas, infertilidad de suelos, creación y proliferación de plagas que son vectores de enfermedades, que son causantes directos para los problemas sociales: como inseguridad alimentaria, pobreza, enfermedades que violan a los derechos humanos internacionales de la tercera generación.
Es por esto, por lo que la madre tierra es importante para la vida y es un deber cuidarla.
No es un secreto que la sabiduría de los pueblos indígenas reside básicamente en sus mayores y médicos tradicionales, que dada su edad avanzada se esta corriendo el riesgo que la tradición de saberes propios se pierda para siempre, poniendo en peligro la permanencia cultural y pervivencia como pueblos.

Identificación de ejes temáticos ambientales
El cuidado y protección del territorio
El cuidado y protección del agua, lagunas y el páramo.
Actividades agrícolas y agropecuarias
El equilibrio y armonía entre ser humano y naturaleza.
Las fuerzas de la naturaleza que inciden en el territorio
El uso y manejo de los recursos naturales
Recuperación del bosque
Ofrendas, pagamentos y ritualidades a la madre Naturaleza
Prevención y manejo del riesgo.

El suelo es un recurso finito (no renovable).
Es una mezcla de minerales provenientes de rocas (45%), materia orgánica proveniente de restos de animales y plantas en descomposición, así como los organismos que habitan el suelo (5%), aire (25%) y agua (25%). Durante su proceso natural, toma 2000 años la formación de 10 cm de suelo. Por un lado, estamos extrayendo minerales del suelo a una tasa mayor a su reposición. A todos nos preocupa que vamos a hacer cuando se termine el petróleo, pero muy pocos se preocupan de lo que vamos a hacer cuando se “termine” el suelo. Por el otro lado, la degradación de los suelos avanza a un ritmo alarmante. El profesor John Crawford de Rothamsted Research ha determinado que si sigue el ritmo de degradación al paso actual, solo tenemos suelos aptos para la producción de cultivos durante 60 años más.

Enid Mendez
Prácticas culturales y agronómicas de conservación de suelos

     Son aquellas en las cuales se utiliza la vegetación, manejada convenientemente para controlar la acción de desprendimiento y transporte de las partículas del suelo. (Instituto Nacional Tecnológico, 2016).
     Por lo anterior según el Instituto Nacional Tecnológico (2016) las practicas agronómicas que se deben utilizar para la conservación del suelo se clasifican de la siguiente manera:
1.      Época de siembra
     El establecimiento de un cronograma de trabajo (fecha de preparación de suelo, siembra, cosecha, etc), es un factor determinante de la cobertura vegetal que frena el efecto erosivo del agua y el viento. 
1.      Labranza mínima
     La labranza mínima es la menor cantidad de rotura del suelo requerida para crear las condiciones de suelo adecuadas para la germinación de la semilla y el desarrollo de la planta.
     Ventajas:
·         Reduce la labor de remoción del suelo y lo prepara en las fajas/franja de los surcos donde va a sembrar.
·         Disminuye la susceptibilidad del suelo a la erosión.
·          Mantiene el nivel de materia orgánica y protege la macro fauna en el suelo. Desventajas:
·         Distribución de las semillas no uniforme.
·          Competencia entre las plantas y la maleza por lo que puede haber baja producción de cosecha.
·          Las plagas pueden atacar más fácilmente porque las malezas son  de plagas.


1      Rotación y asocio de cultivos
     La rotación de cultivo es el orden en que sembramos varios cultivos de diferentes familias y con necesidades nutritivas diferentes, uno tras otro, en la misma área o terreno.
     En el orden de rotación de cultivo, se debe introducir una leguminosa para incorporar el nitrógeno al suelo y también debería considerar los siguientes puntos:
Tipo de aprovechamiento de cultivos considerando su sistema radicular, follaje, rastrojos y la fijación de nitrógeno. Es importante combinar los cultivos para 

Un buen uso del suelo puede ayudar a prevenir sequías, el uso inadecuado del suelo puede acabar con civilizaciones.
La erosión es el desgaste o denudación de suelos y rocas que producen distintos procesos en la superficie de la Tierra.1​ La erosión implica movimiento, transporte del material, en contraste con la alteración y disgregación de las rocas, fenómeno conocido como meteorización y es uno de los principales factores del ciclo geográfico. Entre los agentes erosivos están la circulación de agua o hielo, el viento, o los cambios térmicos. La erosión produce el relieve de los valles, gargantas, cañones, cavernas y mesas, y puede ser incrementada por actividades humanas.

Javier Antonio Gaviria 

La erosión eólica es el desgaste rocoso o remoción de los suelos a través de la acción de los vientos. Se puede dar por deflación, cuando el viento traslada pequeñas partículas, o por abrasión, cuando las partículas que transporta el aire desgasta las superficies. El viento ha sido un factor primordial en el modelado de la superficie terrestre tal como se conoce actualmente. Se podría decir que el agua es la que reúne los sedimentos y el viento el encargado de distribuirlos.
Otro factor que ha contribuido al menor conocimiento de la naturaleza y efectos de la erosión eólica ha sido la dificultad para poder medir y caracterizar los procesos involucrados 3 en dicho proceso de degradación. De hecho, no fue hasta finales de los años 1980 y principios de los 1990 cuando se produjo un importante avance en el desarrollo de métodos y equipos que permiten cuantificar la erosión eólica, en condiciones de campo y viento natural. Estas técnicas han progresado hasta tal punto que hoy en día es posible detectar el momento exacto en el que comienza un episodio de erosión y cuantificar la cantidad de partículas del suelo arrastradas y transportadas en suspensión por el viento.




Mecanismos y efectos de la erosión eólica
Para que la erosión eólica ocurra deben producirse necesariamente tres condiciones: viento fuerte, superficie del suelo erosionable, es decir, susceptible a la acción del viento, y suelo desprotegido, sin cubierta de cultivo, de rastrojo, etc. La susceptibilidad del suelo a la erosión eólica o erosionabilidad viene determinada por:
· la textura: suelos de textura gruesa (arenosos) son más erosionables por crear estructuras edáficas inestables (débiles uniones entre partículas y agregados) y por secarse más rápidamente tras lluvia o riego
· el contenido en materia orgánica: factor responsable de la agregación
· régimen de humedad: influye en la tasa de desecación del suelo y, por tanto, en la duración de la susceptibilidad a la erosión.
El clima y las condiciones de la superficie del suelo influyen en la capacidad erosiva del viento o erosividad. Por encima de los 50 m de altura la velocidad del viento depende de las condiciones climáticas (temperatura y diferencias de presión atmosférica) pero cerca de la superficie el viento es frenado por la rugosidad del suelo. La rugosidad es función de tres factores:
el estado de agregación del suelo: los grandes agregados protegen a los agregados erosionables (<0,84 mm de diámetro) de la acción erosiva del viento y atrapan las partículas en movimiento.
el tipo y dirección de la labor: la estructura de caballones y surcos producida por el laboreo actúa como los agregados de suelo no erosionables siempre que la labor haya sido aplicada perpendicularmente a la dirección del viento dominante y
· la altura y densidad de la cubierta vegetal ofrecida por el cultivo o por restos vegetales.
El modo en el que las partículas de suelo son movidas y transportadas por el viento determina la naturaleza y la extensión del efecto erosivo. Las partículas de suelo más grandes (>500 µm de diámetro) ruedan o se deslizan sobre la superficie sin perder el contacto con el suelo en un proceso que se conoce como reptación (Fig. 1). Partículas más pequeñas, entre 100 y 500 µm de diámetro, son transportadas por saltación: saltan y rebotan sobre la superficie alcanzando una altura máxima de 1 m. Estas partículas al caer se rompen y desintegran otras partículas y agregados de suelo contra los que chocan, generando partículas de polvo (<100 µm) que son dispersadas y transportadas por el aire en un proceso que se conoce como suspensión (Fig. 1). Las partículas en suspensión más pequeñas (<20-50 µm, aerosoles) pueden viajar durante semanas y recorrer miles de kilómetros, incluso distancias intercontinentales.



Desde el punto de vista tanto agronómico como medioambiental, la caracterización del proceso de suspensión (denominado técnicamente como flujo vertical de aerosoles) es esencial y, sin embargo, es el proceso menos conocido. Las pequeñas partículas en suspensión, que han sido preferentemente removidas del suelo por el viento, son responsables del proceso de degradación a largo plazo ya que, desproporcionalmente a su tamaño, estas partículas son las más ricas en materia orgánica y nutrientes. Durante las labores, y especialmente si la superficie del suelo está muy seca, se pueden producir considerables cantidades de polvo. Por ejemplo, en suelos relativamente ricos en limos y arcillas del norte de Europa, las pérdidas de suelo por emisión de polvo debidas a las operaciones de laboreo pueden exceder las 50 T ha-1 año-1, cifra de similar orden de magnitud que la cantidad de suelo desplazado por laboreo en laderas con fuertes pendientes (Govers et al., 2004).

A medida que la fracción más fina de suelo se pierde por la acción del viento, aumenta de forma gradual el grosor del material que queda en la superficie. Este cambio en las condiciones de la superficie del suelo puede tener consecuencias muy negativas como, por ejemplo, una disminución de la capacidad del suelo para almacenar agua. La erosión eólica no sólo afecta al propio suelo (efectos on-site), también ocasiona serios problemas fuera del campo erosionado (efectos off-site) que pueden desembocar en costes económicos importantes.



Tipos
La erosión eólica se puede dividir en dos tipos: deflación y abrasión. La deflación se da cuento el viento traslada partículas sueltas. La abrasión se da cuando las superficies se desgastan al ser “abrasadas” por partículas que trasportan el viento.
La deflación se divide en tres subtipos:
Saltación
Son saltos pequeños de las partículas suspendidas sobre la superficie del suelo. A mayor fuerza eólica, más presión sobre la partícula, generando más altura.
Igualmente, a mayor altura, más velocidad horizontal, lo cual produce un mayor impacto en la superficie. También influyen la densidad de las partículas, el relieve y la velocidad del viento.
Este tipo de movimiento es usual entre partículas de 0,05 a 0,5 mm, siendo más vulnerables las de 0,1 a 0,015 mm.
La saltación es responsable de la mayoría  de la erosión eólica (50-70%), seguida por la suspensión (30-40%) y finalmente la fluencia superficial (5-25%).
Suspensión
Sucede cuando las partículas removidas de los suelos permanecen en el aire, gracias a que su tamaño y densidad no les permiten bajar de nuevo.
Esto pasa cuando la velocidad del viento saca de la ecuación a la fuerza de gravedad, haciendo que las partículas sean transportadas a grandes distancias en forma de nubes de polvo. Las partículas propensas a este movimiento tienen un diámetro inferior de 0,1 mm.
Rodamiento
Aplica en las partículas más pesadas que son arrastradas sobre la superficie del suelo, impulsadas por el viento u otra partícula en movimiento.



Control de la erosión eólica en campos agrícolas

Cuando nos planteamos estrategias para la conservación del suelo, el principal objetivo no es retener cada partícula de suelo dentro del campo, sino limitar su pérdida a unas tasas que no pongan en peligro la productividad del suelo; es decir, mantener el suelo como recurso útil y permanente (Troeh y Thompson, 2005). Como hemos señalado anteriormente, el interés por controlar la erosión eólica tiene también un carácter económico con ventajas que afectan no sólo al agricultor sino a la sociedad en general 



Las técnicas de control de la erosión eólica en campos agrícolas pueden agruparse, según su efecto, en medidas destinadas a reducir la erosividad del viento o la erosionabilidad de la superficie del suelo. En cuanto al primer grupo de medidas, cualquier sistema que reduzca la velocidad del viento en la superficie reduce la erosión eólica. A continuación se señalan algunas de las medidas que el agricultor puede aplicar con este fin:

· Labrar perpendicularmente a la dirección del viento dominante. Los caballones dejados por la labor crean un microrrelieve que, dispuesto en ángulo recto a la dirección del viento, protege la superficie del suelo en el periodo que transcurre entre la preparación del suelo y el establecimiento de una adecuada cobertura de cultivo. Sin embargo, en la práctica, la mayor parte de los agricultores en Europa labran en la dirección del lado más largo del campo ya que, de esta forma, se reduce el tiempo de las operaciones, aspecto más valorado que el control de la erosión (Riksen et al., 2003).

· Incrementar/mantener la rugosidad de la superficie del suelo. La rugosidad de un suelo labrado puede ser orientada (caballones y surcos) y/o aleatoria (terrones). Ambos tipos de rugosidad, como señalábamos anteriormente, además de reducir la velocidad del viento, actúan como trampas para las partículas transportadas por el viento, al menos hasta que la lluvia alise la superficie. Obviamente, el papel protector de la rugosidad orientada depende de la altura y espaciamiento de los caballones y, por tanto, del apero utilizado (Fryrear, 1984). El interés de mantener durante el mayor tiempo posible la rugosidad del suelo aconseja evitar o retrasar operaciones de laboreo que rompan terrones y alisen la superficie del terreno, como ocurre con la utilización de rodillos o cualquier otro apero desterronador (López et al., 2001). Asimismo, el mantenimiento de residuos de cultivo en pie es una medida muy eficaz de lucha contra la erosión eólica. De hecho, se ha comprobado que estos residuos son al menos seis veces más efectivos en reducir las pérdidas de suelo que la misma cantidad de residuos tumbados sobre la superficie (Fig. 2) (Bilbro y Fryrear, 1994). Según este resultado, en áreas con riesgo de erosión eólica, prácticas de manejo que dejan parte de los residuos en pie resultan más aconsejables que aquellas otras que los tumban o los incorporan al suelo.

· Utilización de barreras cortavientos. Barreras de vegetales vivos (setos de árboles y arbustos) y muertos (cañas, pajas) y barreras artificiales (muros permeables, mallas plásticas) dispuestas perpendicularmente a la dirección del viento ofrecen protección al suelo hasta una distancia de aproximadamente 10 veces la altura de la barrera, aunque depende en gran medida de su densidad y permeabilidad (García, 1967). Por ello, las barreras cortavientos son realmente efectivas en campos pequeños; sin embargo, el agricultor prefiere trabajar con grandes superficies ya que se facilita la mecanización y realización de ciertas operaciones agrícolas y, por tanto, se reduce el tiempo improductivo. La pérdida de tierra productiva y el elevado coste de la plantación de árboles y de la instalación de barreras artificiales son también factores poco atractivos 7 para el agricultor. Normalmente, la utilización de cortavientos se produce en países donde hay un apoyo económico y profesional por parte del gobierno, como ha sido el caso de Dinamarca (Riksen et al., 2003).






· Incrementar el contenido de materia orgánica del suelo. La estabilidad de los agregados de suelo es la principal característica determinante de la erosionabilidad y, junto a la arcilla, la materia orgánica es responsable de dicha estabilidad. Por tanto, cualquier práctica de manejo que conlleve un incremento en el contenido de materia orgánica favorecerá el aumento del tamaño y de la estabilidad de los agregados y, con ello, la resistencia del suelo a la erosión eólica. Como se ha señalado anteriormente, el mantenimiento de residuos vegetales en la superficie del suelo es una medida eficaz para incrementar la rugosidad y ofrecer protección al suelo. Pero, además, la cubierta de residuos reduce la erosionabilidad a través de procesos menos inmediatos como son la acumulación de materia orgánica en superficie y la estimulación de la actividad microbiana. La presencia de una abundante población de microorganismos en el suelo puede llegar a ser, incluso, más importante en la estabilidad estructural del suelo que un alto contenido en materia orgánica (Troeh y Thompson, 2005). Esto se debe a que los microorganismos segregan mucus, mucílagos, gomas, polisacáridos, etc., productos que juegan un papel clave como agentes cementantes. Asimismo, los hongos a través de sus hifas contribuyen de forma muy eficaz a la formación y estabilización de agregados de suelo. La aplicación de materia orgánica exógena al suelo (estiércol, lodos de depuradora, residuos urbanos) puede mejorar la estructura del suelo pero no resulta tan eficiente para el control de la erosión como la utilización de cubiertas vegetales. Además, hay que tener en cuenta los efectos negativos asociados a su uso, como, por ejemplo, la contaminación de suelo y agua por metales pesados provenientes de los lodos de depuradoras.

Karen Liseth Gonzalez 

La Erosion Hídrica. 




La erosión hídrica sucede cuando el agua se lleva las rocas o separa y aplana las partículas de un suelo. Se trata de un proceso de separación de masas compactas (arcillas, moho, limo y arena) en partículas individuales. Aunque las causas de la erosión hídrica son generalmente naturales, el hombre participa en ella. La causa que más provoca este tipo de erosión es la falta de vegetación. Cuando una zona tiene plantas, de estas salen raíces que protegen el suelo y absorben agua, aumentando la permeabilidad del suelo. Al contrario, si los suelos tienen falta de vegetación, pueden ser impermeables y aumentar la erosión.




Por otra parte, el clima es otro factor que afecta en gran medida a la erosión hídrica. Cuantas más precipitaciones hay, y cuanto más intensas son, más erosión hay. Esto es más acentuado si los suelos no tienen vegetación, en zonas de agricultura intensiva o regiones semiáridas. Otro factor importante es las gotas de agua; las que tienen más velocidad y son más grandes, tienen más energía cinética, teniendo por tanto más capacidad para afectar a los suelos que las gotas más pequeñas y con menos energía.
La erosión hídrica es un proceso que implica la pérdida de la capacidad productiva de las tierras agrícolas, por parte de la acción del agua que cae o se mueve sobre un terreno con condiciones favorables: escasa cubierta vegetal protector y suelo poco resistente.
Este tipo de erosión se produce en tres etapas principales:
La etapa de desprendimiento, en la que intervienen las gotas de lluvia. Estas gotas caen con una energía cinética que se disipa sobre la superficie del suelo y rompe los terrones y agregados. Como consecuencia se desprenden partículas que pueden tapar los poros pequeños del suelo, y la superficie resulta sellada, con un aspecto como el que muestra la Figura 1. A su vez, si hay pendiente, algunas de esas partículas pueden moverse hacia las partes más bajas del terreno. En esta fase se produce erosión por la salpicadura que generan las gotas.
La etapa de transporte, en la cual se moviliza el material desprendido en el agua que escurre sobre la superficie. El agua puede escurrir en forma de lámina o manto con velocidad lenta. También lo puede hacer en forma turbulenta con mayor velocidad, capacidad de transporte y de desprendimiento de partículas con respecto al escurrimiento laminar. En esta etapa se produce la erosión laminar, la erosión en surcos y la erosión en cárcavas, que se evidencian en el campo de manera diferente
La etapa de sedimentación, en la cual el suelo desprendido y transportado se deposita en sitios debido a la falta de energía que continúe su movimiento
   
En lámina o mantiforme: El suelo es arrastrado en forma de láminas muy delgadas y uniformes. Este tipo de erosión se presenta en suelos con poco declive y es difícil de apreciar a simple vista. A medida que el proceso avanza, la disminución de los rendimientos va acompañada por un cambio de coloración del suelo hacia tonalidades más claras. El proceso de erosión laminar evoluciona hacia el otro tipo de erosión o sea:
En surcos o digital: En el cual el suelo se va cubriendo de canales y zanjitas que generalmente adoptan la disposición de los dedos de la mano. Es el segundo paso de la erosión, en el cual el agua se encauza por vías de desagüe y en que ya arrastra partículas de suelo. Al labrarse el campo se borran estos canalículos por lo cual a veces pasan desapercibidos.
Zanjiforme: En esta fase del proceso, los canalículos digitales se transforman en zanjas con hondonadas, a veces verdaderos arroyos que pueden inutilizar un campo.



Referencias bibliográficas
 Instituto Nacional Tecnológico. (2016). Manual del protagonista. Prácticas de conservación de suelos y agua. Recuperado por https://www.jica.go.jp/project/nicaragua/007/materials/ku57pq0000224spz-att/Manual_de_Conserbacion_de_Suelo_y_Agua.pdf